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| Plataforma: PlayStation 5 | PC | Xbox Series | Nintendo Switch | Nintendo Switch 2 |
| Género: Acción | Metroidvania |
| Desarrollador: Bandai Namco |
| Editor: Bandai Namco |
| Fecha de lanzamiento: 17 de julio de 2025 |
| Precio: U$D 29,99 (PS5) | U$D 23,99 (STEAM) | $ 24.759 + impuestos (Xbox Series y Nintendo Switch) |
| Idioma: Textos en Español e Inglés |
¿Todos conocemos a Pac-Man, verdad? ¿Esa bola amarilla que comía cocos en laberintos mientras escapaba de los fantasmas que intentaban atraparlo? Bueno, este año se cumplen 45 años desde el lanzamiento del primer juego que sirvió como musa inspiradora para que hoy la industria de los viedojuegos sea lo que es. Bandai Namco quiso homenajearlo pero dándole una vuelta de tuerca. Es por esto que el pasado 17 de julio se lanzó Shadow Labyrinth, el cual toma al comecocos más famoso del mundo y lo sumerge en un metroidvania oscuro, inquietante y con una vibra de ciencia ficción que te hace olvidar por completo los días de los arcades de los 80.
Ya disponible para PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch, Nintendo Switch Switch 2 y PC, este juego es una apuesta arriesgada que mezcla nostalgia con una reinvención audaz. ¿El resultado? Una experiencia que, aunque no alcanza las cumbres de los gigantes del género, tiene suficiente personalidad para atrapar a los fanáticos de los metroidvanias y a quienes buscan algo diferente. Vamos a desglosar por qué Shadow Labyrinth es tan fascinante, pero también por qué no termina de brillar con toda la intensidad que podría.

Desde el primer momento, Shadow Labyrinth te mete de lleno en un mundo que no se parece en nada a lo que asociamos con Pac-Man. Aquí no controlás al comecocos, sino al Espadachín Número 8, un guerrero misterioso que despierta en un planeta en ruinas, lleno de restos de guerras antiguas y criaturas grotescas. A tu lado está PUCK, un orbe amarillo que claramente evoca a Pac-Man, pero con un aire mucho más siniestro, como si fuera una inteligencia artificial con intenciones dudosas.
La premisa narrativa es críptica, casi como si el juego quisiera que te sientas tan perdido como el protagonista. No hay cinemáticas largas ni diálogos extensos; la historia se va revelando a través de fragmentos de texto, terminales olvidadas y pistas visuales que te invitan a conectar los puntos. Este enfoque minimalista puede ser un arma de doble filo: por un lado, crea una atmósfera intrigante que te mantiene curioso; por otro, puede sentirse confuso al principio, especialmente si no estás dispuesto a invertir tiempo en explorar y descifrar el lore. La conexión con el episodio “Circle” de la serie Secret Level de Amazon Prime Video, que sirve como una especie de precuela, le da un contexto adicional, pero el juego se sostiene por sí mismo sin necesidad de haber visto el corto.

En términos de jugabilidad, Shadow Labyrinth es un metroidvania de manual. El mapa es enorme, interconectado y lleno de secretos, desde salas ocultas hasta atajos que recompensan a los jugadores más curiosos. Como es típico del género, empezás con habilidades básicas (un salto, una espada, una esquiva) y vas desbloqueando nuevas capacidades que te permiten acceder a zonas antes inalcanzables. Doble salto, gancho para alcanzar plataformas lejanas, ataques especiales… todo eso está presente, pero lo que realmente le da un sabor único al juego es la presencia de PUCK. En ciertas secciones, tomás el control de este orbe amarillo en minijuegos que homenajean al Pac-Man clásico. Estas fases, llamadas “The Maze”, te meten en laberintos bidimensionales donde recolectás orbes mientras esquivás enemigos, y funcionan como un guiño nostálgico que rompe el ritmo del metroidvania de forma refrescante. Sin embargo, a veces estas transiciones se sienten un poco forzadas, como si el juego no hubiera encontrado la manera perfecta de integrarlas al flujo principal.
El combate es otro de los pilares de Shadow Labyrinth, aunque no siempre está a la altura de las expectativas. El Espadachín Número 8 tiene un repertorio decente: combos con espada, esquivas, parrys y habilidades especiales que se desbloquean con el tiempo. Además, podés mejorar tus estadísticas (vida, ataque, resistencia) recolectando recursos de enemigos derrotados, lo que añade un ligero toque de personalización. Sin embargo, el sistema tiene sus altibajos. Por un lado, los enfrentamientos son fluidos y requieren cierto nivel de estrategia, especialmente contra los jefes, que en las últimas horas del juego se vuelven realmente desafiantes. Por otro, la gestión de la barra de resistencia, que se usa tanto para habilidades como para esquivas, puede sentirse restrictiva y desbalanceada. Hay momentos en los que el combate se vuelve repetitivo, especialmente en las primeras horas, donde los enemigos no ofrecen demasiada variedad y los enfrentamientos se sienten más como un trámite que como un desafío emocionante. Más adelante, cuando el juego despliega todo su arsenal de habilidades, como la transformación en GAIA (una forma temporal que te hace invencible y aumenta tu daño), las cosas se ponen mucho más interesantes.

Visualmente, Shadow Labyrinth apuesta por un estilo 2D oscuro y estilizado, con una paleta de colores apagados y toques de neón que le dan un aire entre Axiom Verge y Blasphemous. Los entornos, que van desde ruinas futuristas, bosques hasta cavernas infestadas de criaturas, tienen una atmósfera densa que refuerza la sensación de soledad y peligro. Sin embargo, las opiniones sobre los gráficos son divididas: algunos alaban su dirección artística por su coherencia y su tono sombrío, mientras que otros, incluyéndome, sentimos que le falta un poco de pulido. Hay secciones que parecen genéricas o poco inspiradas, y los diseños de algunos enemigos no tienen el impacto visual que uno esperaría de un juego de Bandai Namco. La banda sonora, por su parte, cumple sin destacar demasiado. Las pistas ambientales acompañan bien la exploración, y los efectos sonoros, especialmente los que rescatan los sonidos clásicos de Pac-Man, son un acierto. Pero no esperes melodías épicas que se te queden grabadas; el apartado sonoro es funcional, pero no memorable.

Uno de los puntos más controversiales de Shadow Labyrinth es su ritmo. Las primeras horas pueden sentirse lentas y monótonas, con un mapa que parece más vacío de lo necesario y un progreso que se frena hasta que desbloqueás habilidades clave. Este arranque pausado puede desanimar a algunos jugadores, pero si tenés paciencia, el juego empieza a brillar a partir de la mitad, cuando las mecánicas se expanden y los desafíos se vuelven más complejos. La duración, de entre 15 y 20 horas dependiendo de cuánto explores, se siente adecuada para un metroidvania, y las misiones secundarias y secretos añaden rejugabilidad para los completistas. Sin embargo, la curva de dificultad es algo errática: hay picos de desafío que pueden frustrar, especialmente en combates contra jefes o en secciones de plataformas que requieren precisión milimétrica. El sistema de guardado, con puntos de control algo espaciados, no ayuda: morir puede significar repetir secciones largas, lo que a veces se siente como una penalización innecesaria.

Entonces, ¿vale la pena Shadow Labyrinth? Depende de lo que busques. Si sos fan de los metroidvanias y te intriga la idea de ver a Pac-Man en un contexto tan radicalmente diferente, este juego tiene mucho para ofrecer. Su ambientación oscura, su narrativa críptica y las secciones de “The Maze” le dan una personalidad única que lo distingue en un género saturado de competidores. Además, las referencias a otros clásicos de Bandai Namco, como Galaga o Dig Dug, son un guiño encantador para los nostálgicos. Sin embargo, no está exento de defectos: el ritmo irregular, el combate algo limitado y un apartado visual que no siempre está a la altura hacen que no pueda competir con titanes como Hollow Knight o Metroid Dread. Es un título que se siente como un experimento valiente, pero no del todo pulido, como si Bandai Namco hubiera querido arriesgarse sin comprometerse al 100%.
En resumen, Shadow Labyrinth reinventa a Pac-Man en un metroidvania oscuro y fascinante, con una atmósfera única y mecánicas sólidas, pero su ritmo lento al inicio, combate repetitivo y visuales algo genéricos le impiden brillar del todo. Es una apuesta valiente que le gustará mucho a fanáticos del género y nostálgicos dispuestos a explorar un mundo extraño, aunque no alcanza la perfección de los grandes titanes.







