Plataforma: PC | PS5 | Xbox Series

Género: Party | Acción

Desarrollador: Double Fine Productions
Editor: Xbox Game Studios
Fecha de lanzamiento: 23 de Abril de 2026
Precio: PC 13.99 USD | PS5 19.99 USD | Xbox 19.99 USD
Idioma: Textos en Inglés y español

Hay juegos online que buscan atraparte con sistemas enormes, decenas de modos y progresión infinita. Kiln hace exactamente lo contrario. Toma una idea extremadamente simple, la ejecuta con personalidad y consigue que algo tan raro como fabricar una vasija de barro termine convirtiéndose en el centro de un competitivo sorprendentemente entretenido.

Lo nuevo de Double Fine no intenta ser el próximo fenómeno masivo ni el shooter hipercompetitivo del momento. Su apuesta va por otro lado: partidas rápidas, creatividad constante y una mecánica central que transforma la construcción de personajes en parte fundamental de la estrategia.

Y lo más llamativo es que funciona muchísimo mejor de lo que cualquiera imaginaría viendo un trailer.

Kiln arranca en un torno de alfarero. Literalmente.

Antes de entrar a cada partida tenemos que moldear nuestra propia vasija usando arcilla, definiendo tamaño, forma y estructura. La gracia está en que no se trata solamente de un editor visual simpático: el diseño cambia completamente cómo se juega.

Una construcción más pequeña puede moverse rápido y colarse por rutas angostas, mientras que las más grandes soportan más daño y cargan mayor cantidad de agua, aunque sacrifican velocidad y maniobrabilidad. El peso, la estabilidad y hasta la forma en la que el personaje rueda por el escenario dependen de cómo fue creado.

Kiln consigue algo muy difícil: hacer que el proceso creativo tenga consecuencias reales dentro de la partida.

Incluso detalles mínimos terminan afectando el rendimiento. Hay mapas donde una construcción demasiado pesada puede convertirse en un problema constante, mientras que ciertos diseños más ágiles son ideales para cortar rutas o transportar agua rápidamente.

Todo esto genera una dinámica muy interesante donde el jugador empieza a ajustar sus creaciones según su estilo de juego o las necesidades del equipo.

La estructura principal es fácil de entender. Dos equipos de cuatro jugadores compiten para apagar el horno rival transportando agua hasta su base. El primero que destruye tres veces el horno enemigo gana.

Moverse rápido no siempre conviene, porque rodar puede hacer que perdamos parte del agua durante el trayecto. Defender rutas específicas, interceptar enemigos o decidir cuándo conviene atacar en grupo empieza a tener muchísimo peso una vez que las partidas avanzan.

Y después está el sistema de daño, que probablemente sea una de las mejores ideas del juego. En Kiln no existe una barra de vida tradicional. Las vasijas se rompen físicamente. Los impactos generan grietas, desprenden fragmentos y debilitan determinadas partes de la estructura dependiendo de dónde recibimos el golpe.

Eso hace que cada enfrentamiento tenga una sensación bastante distinta a la de otros multiplayer. Hay una fragilidad constante que vuelve todo más tenso y obliga a medir mejor cada movimiento.

Lo mejor de Kiln es que nunca abandona su identidad. Todo gira alrededor de la idea de crear, destruir y volver a experimentar.

Podemos guardar distintas construcciones e ir alternándolas según cómo queramos jugar. Y rápidamente aparecen diseños absurdos creados por la comunidad: recipientes enormes pensados para embestir enemigos, estructuras diminutas imposibles de atrapar o combinaciones totalmente ridículas que aun así funcionan sorprendentemente bien.

También ayuda mucho que el juego no esté diseñado alrededor de una monetización agresiva. La mayoría de los elementos cosméticos y opciones de personalización se desbloquean jugando, algo que se agradece bastante en un multiplayer actual.

Hay un tono relajado y creativo que atraviesa toda la experiencia y hace que Kiln se sienta diferente incluso cuando repite mecánicas conocidas del género.

Visualmente, Kiln tiene muchísimo encanto. Los escenarios mezclan inspiración mitológica, colores fuertes y diseños exagerados que encajan perfecto con el tono medio caótico del juego.

Pero donde más se nota la mano de Double Fine es en los pequeños detalles. Las animaciones, los efectos de destrucción y la manera en la que las vasijas se agrietan o se despedazan durante los combates ayudan muchísimo a vender la idea. Incluso en las partidas más desordenadas siempre hay algo divertido pasando en pantalla.

Kiln tiene una base excelente, pero hoy todavía se siente algo corto de contenido. Solo hay un modo principal y cinco mapas disponibles, y aunque los escenarios logran variar bastante las situaciones gracias a sus mecánicas particulares, después de varias horas empieza a aparecer cierta repetición inevitable.

Es una pena porque el núcleo jugable tiene muchísimo potencial. De hecho, cuanto más entendemos sus sistemas, más ganas dan de ver qué podría hacer Double Fine con más modos, objetivos y variantes.

El estudio ya confirmó actualizaciones futuras con nuevos contenidos, así que la sensación general es que Kiln todavía está dando sus primeros pasos. La pregunta será si logra mantener suficiente comunidad activa hasta que llegue ese material nuevo.

Kiln es una de esas ideas que podrían haber quedado como una curiosidad simpática y nada más. Pero Double Fine logra convertirla en un multiplayer genuinamente divertido gracias a un sistema de creación que realmente afecta cómo se juega y a una propuesta que entiende perfectamente cuál es su identidad.

No tiene el contenido ni la variedad de otros juegos online más grandes, y eso termina pesando más de lo deseado después de varias horas. Pero incluso con esas limitaciones, hay algo muy especial en su mezcla de creatividad, destrucción física y estrategia improvisada.

REVIEW OVERVIEW
Puntaje total
8
Previous article[Review] MOUSE: PI for Hire
Next article[Review] Invincible VS
Adrian Elias
Gamer. Narrador. Loco. Entusiasta. Fanático del Chrono Cross y la aventura. Queriendo tener un condensador de flujos y viajar en el tiempo, para explorarlo todo.
review-kilnKiln es una de esas ideas que podrían haber quedado como una curiosidad simpática y nada más. Pero Double Fine logra convertirla en un multiplayer genuinamente divertido gracias a un sistema de creación que realmente afecta cómo se juega y a una propuesta que entiende perfectamente cuál es su identidad.